YANIRA
Ricardo Morales Pinal

A Yanira Elizabeth Hernández Maldonado
y a Jesús Piedra Ibarra


I
Summertime, time, time,
child, the living's easy.
fish are jumping out
and the cotton, lord,
cotton's high, lord so high.


Yanira se reanima en el asiento del fondo.
   El día es claro y el camión se acerca a Monterrey procedente de la capital tamaulipeca. El radio del joven chofer empieza a captar las estaciones locales. Janis Joplin es la cantante preferida de Yanira; le gustan sus canciones y su forma de vestir, por eso ella porta pantalones ajustados y blusas muy amplias. El cabello le cae sobre los hombros, largo y liso de un negro brillante y a pesar de sentirse animada, la melancolía en su mirada no desaparece.
     Así es ella, de ojos pequeños y melancólicos.
    Pasa la mano sobre su morral artesanal que siempre la acompaña; en él carga sus ilusiones y sueños: libros de química y de matemáticas, pues piensa ingresar a la Universidad de Nuevo León en el área de ingeniería. También lleva una novela de Hermann Hesse.
    Su forma de vestir y el gusto por las canciones de Janis Joplin le valen el sobre nombre de La Janis entre sus nuevos compañeros de escuela. De carácter alegre y extrovertida se suma a los grupos de activistas universitarios, siempre acompañada de su morral bordado en la región de Tula de donde procede; carga libros y enseres que acomoda de manera ordenada en el inseparable morral.
    — ¡A comer! -se escucha el llamado de Raymunda al grupo de muchachas que ella asiste en su casa, y entre las que se encuentra Yanira.
    —Viene Echeverría el fin de semana al Río 70 a un evento con mujeres -comenta alguien durante la comida.
    —Es la inauguración del teatro -acota alguien más
    —Es un evento de campaña con mujeres -dice Yanira
    —Y todavía quiere ser presidente el muy cínico -alza la voz Raymunda, frunciendo el ceño.
    — ¿Vamos? -dice Yanira entre preguntando y sugiriendo.
    — ¿Estás loca, muchacha, qué le vas a ver a ese? –Le reclama Raymunda en tono molesto.
    — ¡A boicotear! -contesta con rapidez Yanira
    — ¿Y eso? -pregunta Raymunda suspendiendo por un momento el servicio de los platos.
    —Me invitó la maestra Nora Rivera -responde Yanira como esperando algún comentario.
    Nora es hija de un líder ferrocarrilero dirigente del Partido Popular Socialista en la localidad con quien Yanira tiene amistad. Raymunda es una maestra de edad madura que participó en la caravana de los mineros de Nueva Rosita en 1951 al lado de su esposo, un médico militante activo del Partido Comunista. Ahora sus hijas son amigas de Yanira y comparten la mesa.
    —Nos vamos a concentrar en la plaza de La Purísima -remata Yanira su anuncio.
    —Pero se cuidan, se puede poner feo -les advierte Raymunda.
  Yanira saca los libros de su morral y los sustituye por un puñado de cápsulas que contienen un líquido volátil conocido como éter. Las complotistas han planeado romper las cápsulas dentro de los ductos del aire acondicionado para que, una vez liberado el líquido volátil, que es irritante, se disperse por la sala del recién estrenado edificio. Sólo esperan que el líquido, una vez gasificado, produzca suficiente molestia en las vías respiratorias de la audiencia, compuesta por decenas de mujeres priistas que esperan a su candidato.
   El boicot se ejecuta con precisión por las muchachas rebeldes, que se escurren entre las mujeres que, en desbandada, buscan jalar aire fresco debido a la irritación. Grupos de agentes estatales y federales, encargados de custodiar el evento, inician la búsqueda de los responsables apoyados por elementos del Estado Mayor Presidencial.
    La maestra Nora Rivera logra llegar hasta la plaza de La Purísima en las cercanías del teatro, donde ya las esperan un grupo de jóvenes activistas listos para darles el apoyo necesario. Del brazo de uno de esos muchachos la joven maestra camina entre un grupo de agentes que proceden a detenerlos. Nora los enfrenta reclamando su derecho al libre tránsito y el respeto a sus derechos constitucionales; lo hace con tal vehemencia que los agentes los dejan pasar.
   El candidato ha tenido que ser sacado del teatro por un grupo de guardias presidenciales antes de iniciar su discurso. El boicot ha resultado. Echeverría jamás olvidará la afrenta recibida aquél día por lo que, una vez electo presidente de la República, intensificará la represión contra de la Universidad de Nuevo León y del movimiento estudiantil que se ha radicalizado.
    Los siguientes meses la vida sigue su curso, pero antes de finalizar el año Janis Joplin decide caminar por los atajos que toman los que se han cansado de vivir, heredando a sus seguidores la última de sus grabaciones que cantará a capela: Mercedes Benz.
     La admiración de Yanira por Janis no disminuye y a pesar de que ha embarnecido un poco, su fisonomía no ha cambiado; sigue usando ropa al estilo de Janis y aún la sigue acompañando aquel típico morral. Aún comparte la casa con Raymunda y su familia.
     En la radio se escucha a la verdadera Janis cantar: Oh lord, won't you buy me a Mercedes Benz Benz?
     El año siguiente Yanira continuará la rutina en aquella casa de asistencia.
     — ¡A desayunar! -llama Raymunda al grupo de muchachas.
     —Es primero de mayo -dice Yanira
     —Ya vas a empezar -rezonga Raymunda, provocando la risa en el grupo sentado alrededor de la mesa.
     —No se rían, ahora sí las cosas se van a poner difíciles y no quiero que se vayan a meter al desfile.
     — ¡Prometido! -dicen las muchachas, a una voz entre sonrisas y guiños compartidos a hurtadillas de Raymunda.
    El ambiente durante el desfile obrero es denso, grupos de colonos y estudiantes organizados se han sumado a la marcha. La intensidad de los reclamos por mejoras salariales y otras demandas sube de tono. Es el signo de los tiempos. Empiezan los empujones contra las vallas que la policía ha montado para evitar la llegada de los contingentes al palacio de gobierno. Una vez más el enfrentamiento. Los gases lacrimógenos lanzados por la policía sigue siendo el argumento más contundente del gobierno contra los reclamos populares.
   Yanira carga ahora en su morral el antídoto para el efecto de los gases: bolas de estopa y frascos con vinagre que empieza a repartir entre los manifestantes más cercanos. Finalmente la marcha es disuelta por la policía, apoyada por los guardias blancas mandados por las empresas y por los porros pertenecientes a las centrales obreras, quienes se afanan en hacer blanco con sus cachiporras en cuanta cabeza o costilla se encuentren a su paso.
  Yanira es rescatada por un matrimonio maduro que la encuentra caminando de prisa por la calle; la pareja percibe que la muchacha está en apuros y solidarios la llaman para hacerla pasar por su hija y, de esta manera, la ayudan a salir del cerco que se ha montado para arrestar a cualquiera que les parezca sospechoso. Así, Yanira logra escapar y regresar a la casa de asistencia.
  — ¡A cenar! -las llama Raymunda quien ignora que el grupo de muchachas ha estado en la marcha obrera.
  —Qué bueno que no fueron, aquello se puso bien feo -les dice Raymunda con los ojos aún enrojecidos por los efectos de los gases, indicio de que ella también había ido al desfile.—Sí, qué bueno -le contesta a coro el grupo de muchachas que vuelven a entrecruzar sonrisas y guiños.
  —El lunes habrá contracursos en la Facultad de Economía -dice alguien en la mesa
  —Sí, se pondrá bien -reafirma Yanira. Estarán dos buenos expositores.
  — ¿Quiénes? -pregunta una de las hijas de Raymunda.
  —El maestro Ignacio Olivares es uno de ellos.
  — ¿Y el otro?
  —No sé quién es, pero dicen que estuvo en Chile.
  —A ver qué novedades nos trae de la Unidad Popular
   —Seguro que buenas, a ese Allende ya nadie lo para -dice optimista Yanira.
  Los contracursos son impartidos por alumnos y maestros de la Facultad de Economía para aquellos estudiantes que disienten con la orientación ideológica de la universidad.
   El ambiente que se respira en los contracursos parece simpatizar más con las posiciones radicales del Movimiento de Izquierda Revolucionario chileno que con las de la Unidad Popular que encabeza Salvador Allende; se percibe más un ambiente de simpatía por la vía armada promovida por el MIR chileno, que por la opción electoral impulsada por la UP que encabeza Allende, lo que fue acercando a muchos jóvenes como Yanira con las posiciones políticas más radicales.
   Por ese entonces conoce a Jesús, el hijo de un reconocido doctor de la localidad, ex miembro del Partido Comunista Mexicano. El doctor había sido compañero de Valentín Campa y Hernán Laborde cuando estos y sus seguidores fueron expulsados del partido comunista por negarse a participar en el complot dirigido por Stalin desde la URSS en contra de León Trotsky. Después de la expulsión el doctor se retiró de la militancia política, aunque su afición por la literatura soviética y su interés por los avances del socialismo en el mundo no disminuyeron.
   Siguiendo los pasos de su padre, Jesús ingresa a la Facultad de Medicina, donde se involucra en la política estudiantil a través de un grupo de jóvenes comunistas a los que se les conoce como Espartacos. Cuando Yanira lo conoce se siente atraída por él. En el trato descubre que sus coincidencias políticas son muchas y poco después ambos pasan a formar parte del Comité Estudiantil Revolucionario, una incipiente organización que simpatiza con la vía armada, en donde logran encauzar sus inquietudes.
   A partir de entonces Yanira será Teresa y a Jesús se le conocerá como Rafael, nombres con los que se iniciarán en la clandestinidad. Desde ese momento el morral de Yanira cargará otros sueños y otros ideales, pero que en adelante irán acompañados de una pistola 9 milímetros, su nuevo instrumento para los entrenamientos militares.
   El Comité está integrado por una generación de jóvenes universitarios que se han fogueado en las luchas estudiantiles, y muchos de ellos, dentro de poco, pasarán a formar parte de la naciente Liga Comunista 23 de Septiembre, en la que se integrarán varios jóvenes formados en las luchas populares y universitarias de los años sesenta. De esta forma el CER se convierte en la base más nutrida de la nueva organización armada en el estado de Nuevo León.
   Ahora la vida de Teresa y Rafael transcurre entre sus estudios y la actividad guerrillera, iniciándose de esta forma en la lucha armada.
   El frustrado intento de secuestro del industrial regiomontano Eugenio Garza Sada endurece las acciones del estado a través de la policía política, desatándose una implacable persecución sobre la organización guerrillera. El estado de derecho y el respeto a las más elementales garantías individuales, son atropellados por la temible Dirección Federal de Seguridad y los grupos paramilitares formados por algunos grupos empresariales, con el apoyo del gobierno y de su policía política.
   Una tarde Yanira pasa a despedirse de Raymunda, luego de haber dejado su casa de asistencia.—Ya no voy a regresar -le anuncia con voz entristecida.
   — ¿Y eso muchacha, en qué andas ahora? -le inquiere Raymunda con preocupación.
   —En nada, en nada, sólo que me regreso a mi tierra -le miente porque no se atreve a confesarle que ha decidido sumergirse en la clandestinidad.
   —Pues ve con Dios, y ya sabes dónde tienes aquí tu casa -se despide Raymunda poniendo la mano sobre la frente de Yanira en señal de bendición.

II
Una semana después y empuñando armas con gran destreza, un comando policiaco escala por la barda de la residencia de los padres de Jesús. Es medianoche. En una de las habitaciones se encuentra una mujer que viste una bata de noche leyendo sentada sobre un sillón estilo Luis XV: temblorosa, esconde bajo sus piernas la carta de despedida que su hijo días antes le escribió.

Madre:
Cuando estés leyendo estas líneas ya no estaré en casa y con seguridad no regresaré. He cometido un gran error, pero no creas que me refiero al hecho de haber decidido incorporarme a una actividad que se aleja de los caminos de la legalidad por propia definición, el error al que me refiero es al de haber utilizado el vehículo de la familia para realizar las actividades propias de nuestra organización que surge en el clandestinaje por necesidad y que dada la carencia de una infraestructura más sólida, hemos tenido que recurrir al uso de algunos vehículos legales como ha sido el caso. Sólo lamento no haber sido lo suficientemente astuto como para no dejar rastros tan evidentes que dieran con la localización de nuestro domicilio….Pero en realidad te he escrito esta carta para decirte que no debes estar ni triste ni preocupada por lo que pueda venir, los principios morales que tú y mi padre me inculcaron serán mi coraza para enfrentar las adversidades que se puedan derivar de esta guerra en la que nos hemos embarcado contra el estado burgués que cada día asfixia más la vida del pueblo trabajador, único verdadero generador de la riqueza que unos cuantos se apropian por la vía de la represión y manipulación de las leyes que ellos mismos dictaron. ¿Recuerdas cuando te leí aquellos pasajes de la novela La Madre de Máximo Gorki? ¡Cómo disfrutábamos aquellos días de lectura! qué tierna y hermosa nos parecía aquél personaje….Pelagia…..así serás tú de ahora en adelante…serás la madre quien más allá de la conciencia política será movida por el amor y sé que no te dejarás amedrentar por los sicarios del gobierno que nos buscarán por mar y tierra.
Hasta siempre
Tu hijo


El término de la lectura coincide con la irrupción de los federales en la residencia. En medio de la refriega ella es capaz de recordad con intensidad a su hijo columpiarse de las ramas del viejo sauce, como lo hacía cada vez que se despedía de ella; siempre alegre y risueño, con la fragancia juvenil de sus veinte primaveras. Sin embargo, en esta ocasión ya no estaba ahí, se había encontrado con Teresa en una de las casas de seguridad que mantenían en alguna parte de la zona metropolitana de Monterrey.
   En ese momento un penetrante olor a English Leather invadió todos los rincones de la habitación, y con su aroma violó la paz que por muchos años esa casa conservaba, esparciéndose al mismo tiempo que los agentes quienes, desesperados, trataban de encontrar cualquier indicio.
  —Ya está bien, señora, no nos haga las cosas más difíciles -le dijo el comandante de la DFS que encabezaba el asalto a la casa.
  —Usted sabe en donde se encuentra su hijo y mire que más le vale cooperar por las buenas -escupió el comandante la amenaza, como quien repite de memoria un libreto de mala hechura.
  —Entonces, ¿me está amenazando? -respondió la madre de Jesús.
  —Le estoy advirtiendo -contestó aquel, elevando el tono de la voz.Pero su semblante cambió cuando observó la figura de un ángel sonriente y de mirada dulce bordado en el cojín que sostenía la espalda de la mujer y que asomaba por encima de su hombro, haciendo que el agente se sintiera perturbado.
   Lejanos recuerdos de su madre lo atraparon. Recordó cuando cada jueves santo por la noche iban a visitar los siete templos conmemorando el Vía Crucis; en su pueblo sólo había tres iglesias por lo que, para completar el ritual, tenían que repetir las visitas, en una dinámica surrealista, hasta completar el número cabalístico.
   Su madre era integrante de la Asociación Católica Femenil y él había pertenecido a la Acción Católica Juvenil de México. Tiempo después se iría a estudiar a la ciudad de Puebla en donde militaría en el MURO, grupo paramilitar de extrema derecha, convirtiéndose luego en porro profesional. Finalmente ingresaría a la Dirección Federal de Seguridad donde escaló varios puestos hasta llegar al grado de comandante, mandando a la curva del olvido los principios inculcados por su madre y aprendidos en la organización de la cruz de malta. Y ahora ese querubín con su dulce mirada quería recordarle aquellos años mozos.
   —Muy bien señora, póngase de pie y acompáñenos –dijo tratando de recomponer la figura autoritaria que por un momento sintió desvanecerse a pesar de su larga trayectoria de rudo policía, inescrupuloso y cruel con los detenidos durante las sesiones de tortura.
   —Sólo si tiene una orden de arresto –contestó la madre de Jesús. Pero veo que le molesta mi angelito ¿no es así?
  —Señora, por favor, entienda que no está usted en posición de burlarse o de hacer bromas de mal gusto. Su situación es grave -contestó el comandante tratando de recomponer su postura autoritaria, misma que momentos antes había sentido debilitarse ante la aparente serenidad de aquella mujer. Pero la que en realidad sentía que su pecho podía estallar por la ansiedad que le provocaba tener escondida la carta de su hijo bajo sus piernas.
  —Está bien comandante, disculpe pero usted comprenderá que estoy muy nerviosa y si me permite un minuto a solas para vestirme, con gusto lo acompañaré. Desconcertado el policía ordenó a sus agentes desalojar la habitación. Nunca le había tocado enfrentar a una madre con semejante temple. A solas y con movimientos cuidadosos, dobló la carta y la metió entre su ropa, no sin antes besarla con ternura.
  —Estoy lista comandante, cuando usted diga. Sólo entonces salió rumbo a la demarcación de policía escoltada por una nube de agentes.
  Iniciaba así aquella mujer un largo peregrinar que se extendería por toda su vida.
   Transcurrieron algunos meses y Jesús es atrapado por la policía política en las calles de Monterrey. Días después, Yanira también será detenida por un grupo paramilitar con una herida de bala en la cadera.
A Yanira y a Jesús nadie los volvió a ver.

Margarito Cuéllar

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Susana Robles

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Raúl de Jesús Solano

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Martín Ábrego

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