QUIERO CREER (I WANT TO BELIVE). LOS OVNI - BOROS
David González


Sábado, la una de la tarde, el caos ya era general, el tráfico estaba detenido y las mujeres se santiguaban de rodillas en las calles dando gritos y alaridos solicitando el perdón divino ante el inminente fin del mundo: la invasión de los marcianos. En las esquinas y plazas las personas se amontonaban y preguntaban qué pasaba, volteando hacia el cielo, hacia donde todos miraban. Señalando con el dedo alguien decía con insistencia: “¡ahí!, ¡ahí!” Y los otros volteaban a verlo y después hacia donde señalaba, pero no ubicaban nada señalado, hasta que por fin lograban convencerse de estar viendo algo, pero que no veían pues no sabían qué era. “¡Un platillo volador!”, les aclaró un señor bien vestido y que presumía de ser muy conocedor. Todos afirmaron con un aaahhh y ahora sí con la boca abierta, lo vieron claramente: “¡Sí, míralo, ésa luz brillante!”
   Monterrey no podía quedarse sin su platillo volador. Desde los primeros días de marzo empezaron a publicarse notas en periódicos locales que reseñaban lo publicado en la prensa nacional que reproducía información de los diarios de Estados Unidos, principalmente de Los Ángeles, que desde 1947 hablaban del avistamiento de objetos brillantes en el cielo, unos estáticos y otros en movimiento, la primera noticia siguiendo la línea marcada por esos diarios y que le daban cierta credibilidad, citaba nombres de testigos del evento en el aeropuerto de ciudad Juárez, Chihuahua. Le siguieron informes de avistamientos en Guadalajara, Durango, Zacatecas, Coahuila, Laredo. Adaptando las notas con elementos del diario angelino como persecuciones con aviones militares, o notas falsas de haber observado por extranjeros los restos de una nave en México y la intervención militar incorporaban una duda creíble.
   La adaptación de una información que mantuvo en suspenso durante varios días a los lectores estadunidenses, en Monterrey se ajustó a la cultura local, con el encabezado: “Sí proceden de Marte los platos voladores”, aumentaban la curiosidad y psicosis que se estaba generando.
Así la noticia se daba con cierto barniz científico: “Sí proceden del planeta Marte los famosos platillos voladores que están sorprendiendo a los habitantes de distintos lugares de nuestro país y de los EEUU del norte”. Se publicó en un diario local, la nota del periódico El Nacional, órgano del gobierno.
   “Tal fue la afirmación que escuchamos de labios de un sabio mexicano consagrado a la astronomía y cuyo nombre nos rogó no divulgar por ahora, dado que los estudios sobre la vida planetaria no han progresado mucho en los últimos años y podría tildársele de charlatán, detalle que no desea porque espera que su afirmación sea plenamente confirmada en futuro no lejano cuando uno de esos volívolos sea atrapado por la aviación de algún país de la Tierra”.
   ¿En qué basa usted su afirmación? Inquirimos.
   Pues en la hipótesis que hemos leído sobre esos platillos, su forma de vuelo, desde luego queda establecido que sus tripulantes no respiran oxígeno en el interior.
   Uno de ellos atravesó una potente estela de gases terriblemente destructores arrojada por un proyectil de la base militar de White Sands de EEUU. Y no sufrió alteración visible alguna. Y eso que el cruce fue a 25,000 pies (unos 24,300 metros) de altura según los reportes, en la que un aviador humano requiere equipo especial.
   Otro aspecto es la forma de evadir persecuciones de esos misteriosos aparatos. Obedecen a un instinto de eludir peligros como el del mosquito, le rata, en fin, de esos animalitos que burlan con rapidez e ingenio insospechados la mano del hombre.
Aumenta y disminuye su velocidad con admirable precisión. Se detiene y parece curiosear lo que tiene abajo en la Tierra y cuando un avión o proyectil asciende para atacarlo admirablemente aprovechando todos los elementos para burlar al perseguidor como son las nubes y la neblina; substancia que hace invisible su nave y los rayos de sol; una luz especial seguramente.
   Es posible que un platillo volador de esos pueda ser cazado mediante una estrategia semejante a la empleada por sus tripulantes para huir; un avión camuflageado de tal manera que los ojos avizores de los platillejos no lo descubran y la agudeza de sus oídos no perciba tampoco el ronquido del motor…….

   La entrevista es la adaptación publicada en Los Angeles Times, de la conferencia que desarrolló un personaje que después se sabría era un alto funcionario de una compañía petrolera de Texas, quien la presentó a instancias de un profesor de ciencias de la comunicación en la Universidad de Kansas. Era un experimento sobre las noticias falsas y sus consecuencias. Esto no fue aclarado en nuestro país, que seguía en el boom publicitario de periódicos amarillistas, principalmente en los vespertinos de la Ciudad de México.
   El 11 de marzo la expectativa llegó al máximo: en el Distrito Federal cinco objetos extraños eran claramente visibles en el cielo de la ciudad en las cercanías del aeropuerto. Rápidamente la noticia se propagó, la gente se congregó en las esquinas y en el aeropuerto, un fotógrafo de una empresa particular que realizaba fotografías aéreas salió en su aeronave y fotografió uno de los extraños aparatos, pero su fotografía se veló quedando solamente su descripción como una enorme bola, de color anaranjado y plata, y una larga estela que salía de su parte inferior.
   En la mañana siguiente la gente se congregó en el aeropuerto, armados con telescopios, teodolitos, binoculares, y cuanto objeto les permitiera ver la evolución de dichos aparatos que ya para ese entonces eran catalogados como marcianos que nos observaban y planeaban una invasión o algo por el estilo.
   En Monterrey, una fotografía era la protagonista, una de tamaño carta con un punto blanco en el centro era la prueba irrefutable de un objeto en el cielo, el fotógrafo de una casa editorial era el responsable y la descripción del equipo que él había adaptado era la primicia noticiosa.
   El ingeniero Ruiz Masseu, responsable del observatorio de Tomasintla, Puebla, dio una explicación: se trataba de un experimento científico que se desarrollaba en diferentes partes del país, y consistía en lanzar al espacio unos globos de grandes proporciones para el estudio de diferentes aspectos atmosféricos, como corrientes de aire, sonidos atmosféricos, choque de partículas del espacio y resistencia a presiones, esto en conjunto con los centros de investigación espacial de los estados unidos.
   Con respecto al punto brillante en el cielo, aclaró que era un fenómeno astrológico que se repetía cada determinado tiempo, que hacía visible el lucero de la mañana, Venus para ser más específico, y que podía verse a simple vista desde las 5 de la mañana hasta las 4 o 5 de la tarde según el lugar y las condiciones atmosféricas.
   El periódico El Extra no quedó conforme con la explicación y apeló al sabio mexicano para explicar que no eran de Marte, sino de Venus los visitantes, que incluso Venus no era un planeta sino una nave que era propulsada por motores atómicos y podía acercarse a la Tierra según fuera su parecer.
Todavía publicaron un avistamiento de una guerra nuclear en la luna y una nave donde su tripulante portaba una escafandra y traje dorado, no tuvo el efecto que días atrás había tenido y la noticia no fue secundada por otros medios, se perdió la primera oleada de ovnis en México.
   Pero inicio una nueva época en el país que nos dejó el Chachachá, los marcianos llegaron ya, y una época de marcianos y venusinas en el cine nacional.

Margarito Cuéllar

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Susana Robles

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Martin Ábrego Parra

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