LOS SALDOS DEL DEBATE
Hugo Esteve Díaz*

Luego de presenciar el debate del domingo 22 de abril por parte de la candidata y los candidatos a la presidencia de la República, intentaré compartir algunos puntos de vista tratando de destacar los aspectos considerados de mayor relevancia. Y al final se hace un balance, más allá de quién ganó o quién perdió, con el objeto de ponderar el saldo que obtendrán a partir del mismo debate y cómo influirá éste en su ubicación de las preferencias electorales.

1. AMLO sabía que le iban a echar “montón” y acierta al no caer en provocaciones. Esto es lo normal —o al menos lo común— en todo proceso electoral. La lógica dicta que el puntero será el más atacado y no hay por qué creer que ello sea parte de un complot. El problema es que el tabasqueño se vuelve víctima de sus propias propuestas y decisiones, como en el tema de la amnistía a los narcotraficantes y el acercamiento de personajes impresentables (Napoleón, Bartlett, et al.). Insiste en el argumento insostenible de que la corrupción y todos los males de México se acabarán cuando él llegue a la presidencia, como por arte de magia o por un milagro. Es cierto, frente a los embates en su contra logró evitar caer en provocaciones, pero no pudo diferenciar entre engancharse y la conveniencia de defender sus propuestas, y cuando lo intentó se le acabó el tiempo. La lógica del debate para AMLO era ir a defender su amplio margen de ventaja en las preferencias, pero se equivocó exhibiendo las encuestas en lugar de aprovechar el foro para puntualizar sus propuestas. En su intento de convencer del cambio que él promete reincide en la arrogancia de asumirse destinado a figurar en las páginas de la historia, midiéndose con la misma estatura histórica que Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas del Río, a partir de la promesa de una “cuarta transformación”, según la tesis de Lombardo Toledano cuando habla de los “tres tiempos de una sinfonía dramática” (Independencia, Reforma y Revolución Mexicana). El principal problema se presenta cuando evita explicar el cómo de sus propuestas, porque éstas no pueden sostenerse sólo con sus buenos deseos y por ello se enreda tratando de justificarlas a partir de la incomprensión y mala fe de sus adversarios —ergo la “mafia en el poder”— como en el caso de su propuesta de revocación de mandato, en la que le otorga a la vox populi el peso de la vox dei, como una fórmula destinada a ponderar todas sus decisiones de gobierno. En resumen, el gran logro de AMLO es que conserva su electorado a riesgo de perder un poco de la amplia ventaja que tiene en las preferencias y aprovecha el hándicap que le otorga ser el candidato con más tiempo en campaña.

2. En términos técnicos puede decirse que Ricardo Anaya fue quien mejor manejó sus tiempos y la dinámica del debate, con mayor capacidad para la oratoria; pero ello no significa que haya ganado la justa, aunque es posible que sea el candidato que más avance en las preferencias, aún lejos del puntero. Su problema es que se excedió en gastar el tiempo para golpear a AMLO y por tanto dejó sueltas sus propuestas. Es evidente que no iba a dejar pasar la oportunidad pegarle al puntero en donde consideraba sus puntos más vulnerables, de ello iba a depender incrementar el índice de preferencias que lo ubican en un segundo lugar detrás de AMLO. En Anaya sigue pesando la incertidumbre sobre la presunta comisión de ciertos delitos —como lavado de dinero— y sabía que por ahí lo iban a atacar. Sin embargo, fueron insuficientes los intentos de Meade por acusarlo de enriquecimiento inexplicable frente a la contundencia de su argumento: no hay una sola denuncia en su contra y, además, que la PGR —junto con algunos medios— actuó de manera sesgada al servicio del gobierno y su partido. Pero más allá de su dominio de la oratoria, Anaya no convence del todo porque ha sido incapaz de demostrar que sus propuestas son distintas que las del PRI, además de que los sectores puros del PAN no confían en los acuerdos que pueda pactar con el PRD; es decir, que su propuesta de gobierno de coalición no cuaja.

3. Meade tiene grandiosas, brillantes, maravillosas y excelentes propuestas, pero nadie se las cree. Suenan a engaño, a falacia. No tiene la capacidad de convencer porque viene arrastrando el peso de la corrupción que distingue al PRI, además de que no hay de ninguna garantía de que en verdad vaya a combatir la impunidad. Por más que intenta deslindarse del lastre del PRI presentándose como un “candidato ciudadano” no le alcanza para desmarcarse de lo que representa, sobre todo de los casos de corrupción de varios gobernadores, así como el de Odebrecht, cuyos recursos fueron a dar a las campañas del PRI. Meade es el candidato perdedor del debate, por lo que es previsible que los operadores del PRI tengan que recurrir a una nueva estrategia para reposicionar a su candidato, sean estas legales, legaloides y hasta ilegales.

4. Margarita Zavala pretende representarse a semejanza de una “dama de hierro”, pero su cruzada se queda sólo en buenas intenciones; no transmite certidumbre. Si bien su estrategia de campaña apunta hacia las mujeres, se equivoca si cree que va a ganar por el sólo hecho de ser mujer. Sabe que el punto más vulnerable de su candidatura es el vínculo irremediable que la remite al pasado gobierno de su esposo, Felipe Calderón, Sin embargo, durante el debate mostró la habilidad de desmarcarse aludiendo a un proyecto propio e independiente. Su problema es que no convence.

5. El Bronco intentó inútilmente asumirse como “independiente” pero tras de sí arrastra todo el lastre de largos años de militancia dentro del PRI. Hizo el ridículo intentando poner como ejemplo lo que, según él, se logró durante su corto e inestable gobierno en Nuevo León, pero todos saben que miente y engaña. Intentó en vano justificar las irregularidades que se cometieron en el trámite de su registro culpando a “otros” —Y nuevamente al INE— cuando todos sabemos que su candidatura es una más de las vergüenzas en la administración de justicia en materia electoral. Pero el colmo llegó cuando se prestó para lavarle la ropa sucia a Meade al preguntarle si él en lo personal tuvo algo qué ver en los casos de fraude de la actual administración gubernamental, lo que el otro contestó de inmediato que: “¡No!”. En conclusión, sonó hueco, falso, hipócrita. Se trató del invitado incómodo y no deseado que llegó sólo a provocar, a distraer y a quitar tiempo para un debate más serio. Y para coronar sus geniales propuestas se le ocurrió sugerir que a los ladrones les “mochen las manos”, literal. Por lo que, desde ahora, en lugar del Bronco, se le puede llamar: el Bruto.

6. En conclusión, con estos saldos, las probabilidades en el movimiento de las preferencias apuntan a que AMLO mantendrá el margen de ventaja y si llegara a bajar no será significativo, pero tampoco parece que vaya a crecer; da la impresión de que llegó a su límite máximo. Ricardo Anaya es técnicamente el ganador del debate y ello se reflejará en un crecimiento en las preferencias, pero se ve muy difícil que pueda alcanzar al puntero. José Antonio Meade es el gran perdedor del debate, y aunque no lo hizo mal su problema es que carece de credibilidad, no convence y lo predictible es que disminuya rezagándose a un inservible tercer lugar. Doña Margarita si acaso se mantendrá en su poco significativo 5 por ciento; en todo caso subirá o bajará un punto y de ahí ya no se moverá. Mientras que el Bruto (antes el Bronco) no importa si sube o baja en las preferencias, la marginalidad de su preferencia de nada sirve, ni siquiera para declinar a favor de Meade, como no sería raro que lo hiciera.

*Es escritor y analista político, autor de Las corrientes sindicales en México (1990); Los movimientos sociales urbanos. Un reto para la modernización (1992); El sector social de la economía (1994); Las armas de la utopía. Tercera ola de los movimientos guerrilleros en México (1996) y Amargo lugar sin nombre. Crónica del movimiento armado socialista en México (1960-1990) (2013). Ha sido articulista en varios periódicos y revistas, así como catedrático y expositor en diversas instituciones. Actualmente coordina la preparación de la Antología de los cuentos de la guerrilla, además de escribir su primera novela: Los años de plomo, de próxima publicación. Es administrador de la página Festín de las balas, espacio dedicado al movimiento armado socialista en México (http://www.festindelasbalas.com/). Contacto en Facebook: https://www.facebook.com/festin.delasbalas. Correo electrónico: hugo.esteve08@gmail.com

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