EL PASADO SÓLO ES UN LARGO PRÓLOGO
David González 


El viernes 10 de marzo de 1950, Ofelio Garza bajó de su automóvil Chevrolet y abrió la cajuela. Emilio Cavazos y Gaspar Reyna se colocaron frente a él, mientras Benjamín Reyna y Fidel Reyna traían los costales con la droga hasta el carro. Ofelio sacó su 45 y le dijo a Gaspar: “pues sabes qué, soy policía y están todos detenidos”. Benjamín, que estaba a tres metros de distancia, sólo exclamó: “¿Qué pasó?”. Se produjeron los tres primeros disparos, en total se hicieron de ocho a diez, seis hicieron blanco en Ofelio, el primero en el pecho en su lado izquierdo, el segundo en la sien izquierda, el tercero en la clavícula derecha, el cuarto en la axila derecha, el quinto en el brazo derecho y el sexto en el ala derecha de la nariz. Alrededor de las perforaciones en el sombrero y la camisa quedaron las huellas de pólvora, ya que le dispararon de muy corta distancia. A 30 centímetros de la mano derecha de Ofelio quedó la pistola sin haber disparado una sola vez.
   Ofelio consideró que tenía suficiente información para empezar la acción, con este primer golpe convencería a sus superiores de lo valioso de la operación y conseguiría apoyo y un ascenso en su trabajo después de cuatro años de trabajar como auxiliar de la Policía Federal. ¿Por qué no? El reconocimiento de su padre, el coronel Fortino, héroe de la revolución, una demostración de que estaba hecho de la misma madera.
   Ofelio había logrado obtener información de que en La Cebolla, en la Sierra de Rayones había una pista de aterrizaje, donde dos o tres veces por semana despegaban dos avionetas, una de color azul y plomo, amarilla la otra, tripuladas por pilotos americanos. También tenía la pista de dos gringos y un pocho que se movían en un lujoso auto negro, placas 2778 de Texas, que realizaban frecuentes viajes a Monterrey y se hospedaban en el Hotel Ancira. Ellos transportaban por carretera cargas de droga de La Chancaca, San José de Las Boquillas y San Juan Bautista, donde tenían sus sembradíos de marihuana los hermanos Reyna y formaban parte de una banda, de la cual dos de sus integrantes fueron detenidos en Los Ángeles, California, hacía apenas unos meses.
   Ofelio había sido comisionado a la investigación ya que tenía bien identificados a los Reyna. Desde el 15 de marzo de 1949 existían 15 averiguaciones derivadas de una defectuosa consignación enviada por la inspección general de Policía del Estado al Agente del Ministerio Público Federal, en que se encontraba incluido un hijo de Gaspar, donde fue detenido un consumidor y dejaron en libertad al hijo. La intervención de Ofelio fue determinante para que lo sentenciaran a cinco años de prisión por tráfico de drogas. También uno de los hermanos de Fidel había sido procesado por Ofelio. Ya que desde 1941 había un proceso contra Fidel Reyna, Francisco Reyna Valdez, José Reyna Aguilar y Agapito Valdez por tráfico de marihuana. Fidel volvió a reincidir y salió con una fianza de cinco mil pesos. Benjamín contaba con antecedentes penales por homicidio en Santiago.
   Ofelio, disfrazado de narcotraficante, hizo contacto con Emilio Cavazos Garza, quien contaba con influencias. Existían antecedentes de librar varios procesos en su contra, había ido construyendo una leyenda que lo ubicaba como alguien importante e intocable entre los mafiosos, como la sensacional escapatoria de la policía americana en el trayecto de Laredo a San Antonio cuando abandonó su auto Mercury con un cargamento de droga, pero logró evadirlos. Aunque después fue detenido en Reynosa no pudieron consignarlo. Emilio estaba identificado plenamente como traficante, pero no podían comprobarle nada o de alguna manera eludía su responsabilidad ante la justicia. Ofelio trabó “amistad” con Emilio después de su última hazaña, cuando junto con Sabino Villarreal Escamilla, Marcos Cerda Briceño y Leonel Balderas Garza fueron acusados de armar un escándalo a balazos como a las seis de la tarde en la Cantina Rivera, frente a la estación del ferrocarril, y al ser registrado el carro de Emilio encontraron un paquete de un cuarto de kilo de marihuana. En su declaración, Emilio argumento que hacía días que su coche le fue robado y después lo encontró en la Calzada Madero y supuso que fue entonces cuando colocaron el paquete. Dijo que hizo disparos con una pistola calibre 25 y de ahí se fue a un lugar conocido como Las Vegas, por la carretera a Reynosa, donde estuvo tomando buen rato y cuando salió su carro ya no estaba; regresó a Monterrey en otro auto para dar parte a las autoridades y llegando a la Calzada Madero, frente al Teatro Lírico encontró abandonado su auto y se subió para ir a la estación de policía, ahí lo detuvieron y le preguntaron por la pistola y dijo que se la había regalado a un amigo en Las Vegas.
   El contacto lo hizo Emilio, según le contó a Ofelio, en el Café Galván, frente al Mercado Juárez, lugar de reunión obligatorio para los serranos de Santiago que bajaban a Monterrey, a una cuadra de la terminal de los autobuses Monterrey-El Álamo, por Guerrero y Ruperto Martínez. Se entrevistó con Benjamín y Fidel, a quienes les entregó cien pesos en señal de trato, ya que acordaron vender treinta kilos a 55 pesos cada uno, el intermediario sería Fidel, que vivía por Hilario Martínez en la Nuevo Repueblo.
   Benjamín y Gaspar salieron de San José de Las Boquillas de noche para que el sol no los agobiara en el camino, con tres costales de marihuana. Llegaron a San Juan Bautista por Ramiro González, primo de Gaspar, pasaron por la Ciénega para entrar al Cañón de San Francisco, cerca del Puerto Gringo pararon en el puesto de doña Chonita para tomarse un mezcal y agarraron para Los Cuartones, ya en la vereda a El Indio que baja a Los Cavazos. En la molienda de caña de azúcar “Los Fresnos”, de Guadalupe Torres, escondieron los costales en el bagazal de caña. Ramiro y Benjamín se quedaron a cuidar la carga y Gaspar se fue a Monterrey.
   Desde temprano Fidel le avisó a Emilio que la carga estaba en Villa de Santiago, éste buscó a Ofelio en su trabajo en el departamento de acabado en Fundidora, por la tarde Ofelio recogió a Emilio en su casa y se fueron a Hilario y Pedro Martínez, colonia Nuevo Repueblo, a la cantina “La Paloma”, de donde recogieron a Gaspar y a Fidel y se fueron a la molienda. En el camino Gaspar le ofreció venderle 50 kilos más a 60 pesos el kilo. Al llegar al kilómetro 964, en el entronque a los Cavazos se detuvieron en la molienda de Lupe Torres, donde Ofelio se tomó un vaso de aguamiel y pidió que la carga la llevaran más adelante.
   Después de la balacera un Policía Federal de Caminos llegó y detuvo a Lupe Torres, dueño de la molienda, Santos Martínez y Pablo González trabajadores de Lupe, Ramiro González, Juan Marroquín y Rafael González, vecinos del lugar. Llegaron también el inspector general de policía y el jefe del Servicio Confidencial.
   Lupe declaró que iba a su casa junto con Rafael González, cuando llegó un carro a la molienda, con Fidel, Gaspar, un gordito y otra persona que hablaba medio raro, reiniciaron la marcha y escuchó una discusión, suponiendo que sobre el precio de los costales y después se escucharon los disparos. Se regresó a la molienda y se topó con Gaspar y Benjamín, que se acomodaba la pistola en la cintura al momento que le preguntaba a Gaspar que si no traía la espalda manchada de sangre, huyendo hacia la sierra; también vio a Fidel, que corrió hacia el poniente internándose en el monte.
   Ramiro dijo que estaba en casa de Juan Marroquín cenado y llegó Benjamín y les dijo que se fueran porque habían matado a un señor frente a la molienda de Lupe, declaró que había bajado de San Juan Bautista, donde vive, con los traficantes y que traían tres costales de marihuana.
   Días después detuvieron a Emilio, quien declaró que no se presentó a la Policía en espera de que fueran aprendidos los asesinos de Ofelio. Que también sacó su pistola, una escuadra calibre 38, al sentirse herido en la mano izquierda e hizo cuatro o cinco disparos contra Benjamín, protegiendo su retirada hacia el frente del carro, al mismo tiempo que vio como Gaspar disparaba también su arma protegiendo la huida de Benjamín, después se internó en el monte y se vino a pie a Monterrey. Llegó a su casa como a las dos de la mañana, esta declaración fue desvirtuada por su esposa, quien dijo que llegó como a las 11 de la noche porque estaba escuchando las noticias de México. Con la asesoría de su abogado defensor, el Lic. Manuel de la Garza Vega, rectificó y dijo que corrió hacia Villa de Santiago como un kilómetro y le hizo señas a un carro con la lámpara de mano de Ofelio y unos turistas lo trajeron a Monterrey dejándolo en Padre Mier y Zaragoza; bajó por Zaragoza hasta Matamoros y ahí tomo un carro de sitio. Que la pistola no era suya, sino de un amigo y por eso la encontraron en otro lugar. Se indignó porque los investigadores sugirieron que los orificios de los disparos parecían del calibre del arma que portaba.
   La Policía del Estado acusó a Ofelio de ser traficante, pero sólo entregaron un costal con once kilos, un expediente de 65 hojas donde no incluyeron la autopsia y el estudio de balística. En el lugar sólo encontraron la pistola de Ofelio, con ocho cartuchos, su sombrero de fieltro, su cartera con 3,680 pesos, su auto Chevrolet y un sombrero de palma, que después se supo era de Benjamín.


Enero de 2018

Margarito Cuéllar

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