ALGO QUE PASÓ Y NOS CONTARON
QUE BONITOS SON LOS HOMBRES, QUE SE MATAN FRENTE A FRENTE

David González*

A la memoria de Raymundo Izcoa Flores


La bruma de la medianoche, en el fin de año de la mitad de siglo hace que la calle se vea más vacía, los faroles en cada esquina alumbran como islas de luz haciendo que a lo lejos sólo se perciban puntos como referencia a lugares conocidos. Al norte a dos cuadras la estación del Nacional, después de ahí oscuridad absoluta, sólo se adivinan las luces de Cervecería. Al poniente a una cuadra El Arco con la figura femenina en lo alto, viendo eternamente al sur, con tristeza, y más allá la Calzada Bernardo Reyes. Al oriente, luminosa apenas imaginada, Fundidora. La cantina El Arco sólo representa un refugio seguro contra la soledad. Esperar, ¿esperar qué?, si la fiesta ya pasó y no hay nadie con quien compartirla ya.
   José iba por la quinta copa, el coraje no se pasaba, de patrullero a chofer, ¿eso no era degradarlo? Escolta, le dijeron, guardaespaldas del presidente de la Junta de Conciliación para deshacerse de él, cuidarlo ¿de quién? Sí, algunos obreros eran broncos. Sí claro, el licenciado Pallares no era muy derecho que digamos, sus amigos licenciados le daban buenas comisiones por favorecer en sus resoluciones a los patrones que representaban. Los obreros, esos pobres diablos sin nadie que los represente, “que se chinguen, Pepe”, decía su patrón don Toño, como le gustaba que le dijera en privado, “como amigos que somos, Pepe”, mientras le daba un trago a su vaso con güisqui.
   Por eso como amigos tuvo que llevarlo a la casa de la Micaela, una ex costurera a la que le puso casa y después con su santísima familia a celebrar el fin de año. Brindis y abrazos, cuentas regresivas, risas y gritos, y él afuera hasta que le dijo la sirvienta que decía el licenciado que ya se podía ir a su casa, ¡a esas horas! Que chingue a su madre el señor licenciado, pensó y ahí empezó el coraje, un coraje que no podía sacarse de encima, con él, camino varias cuadras por la Calzada Madero, los bultos junto a los aparadores, ancianos niños, familias de migrantes que huyen del hambre en el campo, aspirantes a braseros, servían de guardia a las mercancías exhibidas. Dios me salve de la miseria, pensó José, siguió caminando hasta la cantina que vio abierta, los puestos cubiertos con lonas y amarrados sobre la Calle Cuauhtémoc la hacen más oscura, sólo el piso grasiento de los sitios donde venden fritangas refleja alguna luz. Entró, se recargó en la barra y empezó a tomar. Esa podría ser una versión.
   Humberto entró por la puerta norte la que da a la Calzada, en la barra, se colocó cercano a la salida para tomar una copa, o dos, dependiendo como le cayera y regresar pronto a su trabajo de administrador del Hotel Madero a tres locales de la cantina, sólo se encontraba el cantinero Juanito y un parroquiano situado también cerca de la salida, a un metro escaso. Aun se oían balazos lejanos por la celebración del fin de año y él debió cubrir el turno de noche, poca clientela, que salió temprano y que regresaría seguramente hasta ya entrada la madrugada, el trabajo le permitía darse una escapada a la cantina de la esquina para echarse un trago y con el frio se antojaba calentarse las tripas, pensó. Aunque se había perdido las fiestas, este trabajo era mejor que estar en medio de la nada, en la carretera, como policía de caminos vigilando el paso de los contrabandos, dejaban buen dinero pero también muchos enemigos, gente que se creía capaz de iniciar el negocio por la libre, pero sin pagar la cuota, listos que confiaban más en su bravura y suerte que en su inteligencia, los otros, los accidentados, eran pocos, rutina de levantar el reporte, informar a la comandancia, abanderar, apostarse en algún punto con malas condiciones del camino, detener sin ganas ni convicción algún camión para ver si el flete había pagado la cuota, casi siempre en la capital y a los jefes. Algo salió mal, alguien a quien no debió detener, un influyente que se molestó por hacer su trabajo, metió la pata y salió por lo mismo, por suerte el dueño del hotel lo contrato. Ahí estaban los contactos y él sabía de las rutas y la mecánica a seguir.El vecino ya estaba tomado y hablaba solo, el alcohol y las armas no son buena mezcla, pero Humberto se sintió seguro, el también andaba armado, para protegerse de los antiguos enemigos, yo también traigo con qué querer pensó. Esa es otra posible versión.
   Prestar dinero a un amigo y que no te pague, enoja, el coraje va creciendo en la medida en que se esconde, se evade, se niega, sobre todo cuando la solicitud del préstamo se hizo apelando a la amistad, crece el coraje cuando ese dinero que se prestó se iba a ocupar en algo, que para cuando ya se está en la desesperación por necesitarlo, no llega, crece cuando se siente que pareciera una burla la negativa a pagar.
   Deber y no poder pagar desespera también, la impotencia de querer pagar para conservar la amistad y no poder, cuando se han agotado todos los argumentos y explicaciones para justificar la falta de pago y no ser juzgado por el amigo que ha cambiado su actitud y el concepto que se había formado de uno, degradándolo a ser considerado como persona de la más baja categoría, llama también al coraje por considerar al amigo como injusto, inclemente, insensible. Ese podía ser un motivo.
   Un negocio fallido, o que se retrasa, que no da los resultados que se esperaban desilusiona, pero si se achaca la falla a la incompetencia del socio, o si lo que se prometió no se cumple o no es lo deseado, hace pensar en un engaño, un fraude para robar el dinero y da coraje, cuando ya se esperó demasiado tiempo y no hay resultado y se solicita más tiempo pero no es seguro que esos resultados lleguen, o definitivamente se hable de una perdida por fracasar el negocio, da coraje, se puede pensar en un engaño, en un timo donde abusaron y jugaron con la ambición de la persona, que se traicionó que se burlaron. Pudo ser otro motivo.
   Pasada la una de la mañana, el cantinero atiende a Guillermo Villegas y Joaquín García, recién llegados que se sentaron en una mesa, dando la espalda a la barra, una detonación de arma, seguida de otros disparos, sin que se hubiera escuchado algún insulto o amenaza, los sorprendió, cuando voltearon, los dos hombres de la barra se disparaban, el ex policía cayó junto a la barra, víctima de dos disparos, uno le atravesó el corazón, mientras el ex –agente caminó hasta una silla y se recargó en espera de ayuda, uno de los proyectiles lo perforó de lado a lado, al llegar al hospital murió.
   La versión del reportero. “A la hora de los acontecimientos, entre la 1:15 y la 1:30 a.m., cuando Vázquez Grimaldo atendía a clientes recién llegados y Villegas Álvarez y Joaquín García daban la espalda a los que se supone irreconciliables enemigos, sin que se cruzara una sola palabra ofensiva entre ellos, se escuchó una detonación, seguida por varias más; fue tan rápida la acción que ni el cantinero ni clientes acertaron a percatarse de quién de los dos “duelistas” había desenfundado el arma primero, cuando voltearon la vista ya de la Rosa y Martínez disparaban a toda capacidad, al parecer fue el patrullero el que recibió primeramente dos mortales impactos ambos en el tórax, uno de los cuales le atravesó el corazón, no sin que antes disparara en dos ocasiones logrando hacer blanco en su rival.
   Mientras el ex policía caía exánime, Martínez Villarreal tuvo fuerzas para llegarse hasta una silla y recargarse, en espera del auxilio médico -el proyectil le atravesó de costado a costado. Una de las ambulancias del puerto de socorros de la Cruz Roja lo recogió del lugar y lo trasladó rápidamente al hospital civil José Eleuterio González, donde murió posteriormente.
   Al sitio de los acontecimientos y avisado por el policía placa número 80, de guardia en la terminal de autobuses Monterrey-Cadereyta-Reynosa, llegaron rápidamente los patrulleros, el subcomisario de guardia en la demarcación central y el representante de la sociedad, avocándose de inmediato a la investigación de los hechos; nada pudo aclararse sin embargo; por las posteriores averiguaciones, no arrojaron tampoco luz alguna en el asunto y sólo enunciábase, como mera hipótesis, que la causa determinante del “duelo” debíase a añejas rencillas personales”.

29-11-17

*Estudió Sociología en la UAC, combina el activismo social con proyectos de desarrollo ecológico, como modelos de energías alternativas y huertos urbanos, investigación de historia contemporánea, décadas de los cincuenta y sesenta.

Margarito Cuéllar

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